Aprender haciendo en el Clan

El aprendizaje por la acción en el Clan está directamente asociado a que el joven adulto pueda desarrollar su visión de “Mi Proyecto de Vida”, con acciones concretas, organizadas y planificadas que estimulen la creación de iniciativas de reto y servicio que sean desafiantes, útiles, recompensantes, atractiva y seguras acordes a los intereses y necesidades de los Rovers, a través de la asociación en equipos temporales o rotativos de trabajo.

La idea es generar experiencias que brinden la oportunidad de aprender a ser los gestores, planificadores, líderes y conductores de proyectos de múltiples alcances que impacten positivamente a su crecimiento personal y a las comunidades donde se desenvuelve, fortaleciendo su inmersión en el que hacer social. Esto es el resultado de un programa centrado en la acción, donde los jóvenes aprenden por sí mismos a través de la observación metódica, el descubrimiento, la elaboración, la innovación y la experimentación, incluso la profundización o especialización de temas ya conocidos al previo. Esto permite pasar de la pasividad receptiva, a la creatividad de quien es puesto en situación de ejecutar, de hacer que sucedan las cosas. Desde esa perspectiva, el conocimiento y las habilidades adquiridas se intensifican y consolidan, la norma descubierta reemplaza a la norma impuesta y la disciplina interior sustituye a la disciplina exterior, generando un aprendizaje introspectivo y reflexivo.

Al ampliarse la proyección del joven en el mundo, las actividades versátiles y externas se acrecientan en detrimento de las actividades fijas e internas. Debido que, al insertarse progresivamente a la complejidad social, los proyectos se hacen más frecuentes y la gran mayoría de las actividades están integradas en proyectos o tienen una relación directa con ellos. Las actividades aisladas se reducen a las fijas o a las tareas individuales dentro de un proyecto común.

Por ser la última etapa que el movimiento Scout que ofrece a los jóvenes, trata de asegurarse que los Rovers no egresen sin haber experimentado un proyecto relevante acorde al reto y el servicio, que coincida con sus intereses y necesidades. Por eso, todos los Rovers deben participar en un proyecto significativo, de su libre elección, diseño y asociación.

Los Rovers Scouts desarrollan nuevas habilidades por tener completa responsabilidad sobre su programa y su adelanto progresivo, desarrollando habilidades para solución de problemas, soluciones creativas y ampliar sus horizontes. Permitiendo que los Rover Scouts incrementen sus oportunidades de aprendizaje e independencia, con el entendimiento de marcos de trabajo, que ayuden a la monitorización constante de su trabajo en curso y a futuro con el esquema de planear, hacer, revisar y evaluar para cumplir los objetivos planteados.

“Planifica tu trabajo y luego trabaja sobre tu plan” Robert Baden-Powell

Aprender haciendo en la Tropa

La adolescencia es la etapa que los jóvenes pasan en la Tropa de Scouts, donde están descubriendo su propia identidad. El autoaprendizaje acá se basa en que estos jóvenes quieren la libertad para resolver las cosas por sus propios medios, a su manera.

Ese aprendizaje por la acción es importante porque ellos traen una cantidad de cualidades (que muy bien mencionaba nuestro fundador en Guía para el Jefe de Tropa): temperamento, valentía, confianza, agudeza, amor a la aventura, sensibilidad, lealtad, etc. Que son las piezas claves para su desarrollo, la formación psicológica, afectiva, corporal, entre otras. Cuando se les presenta un problema, cada uno reaccionará de una manera distinta para poder resolver la situación, que podría tener mil caminos o uno solo, pero solo lo podrán descubrir poniendo manos a la obra. Baden-Powell establece que si conocemos a los jóvenes, tenemos en cuenta estas cualidades, podremos adaptar toda aquella información que queremos hacerles llegar y que pueda ser recibida de manera exitosa.

“No hay que olvidar que en cuanto el muchacho ingresa al Escultismo, quiere empezar inmediatamente a explorar. Así pues, no se debe cohibir su entusiasmo dándole al principio demasiadas explicaciones preliminares. Satisfáganse sus deseos con juegos y prácticas de exploración y después incúlquensele poco a poco los detalles elementales.” Baden-Powell, Guía para el Jefe de Tropa.

El documento Revisión del Método Scout establece que aprender haciendo “Refleja la manera activa en la que los jóvenes adquieren conocimientos, destrezas (todo tipo de habilidades suaves y duras) y actitudes…”. Y sucede muy similar que en la Manada, estos jóvenes buscarán todas las vías que sus capacidades les permitan para atender una instrucción, se encontrarán frustrados, atentos, alegres o hasta desdichados, el deber del adulto scout en Tropa, es guiarlos para que el adiestramiento pueda cumplir su objetivo, pero siempre permitiendo que ellos o ellas encuentren la solución por sus propios medios, con todas las herramientas que se les han proporcionado.

Debemos asegurar que las oportunidades de aprendizaje o actividades sean siempre divertidas y relevantes, que los y las jóvenes puedan tener la capacidad de decidir y de opinar. Que les genere la sensación de logro al final de alcanzar el objetivo y la meta, que quieran tener más experiencias como esas.

Animemos a las y los jóvenes a atreverse a realizar una tarea, a que gocen del aprendizaje autodirigido, a que en equipo (la patrulla) encuentren ese camino satisfactorio a la resolución del problema.

“Su estimulo más fuerte lo da el estudio de la naturaleza y el de la vida en los bosques. Influye directamente al individuo y a la Tropa. Levanta las cualidades intelectuales tanto como las puramente materiales y morales.

En un principio, el Escultismo se orientaba hacia estos fines; pero ahora hemos aprendido de la experiencia que, cuando es bien dirigido, no sólo se orienta hacia ellos, sino que los logra.

Aprender haciendo en la Manada

El documento de revisión del Método Scout establece que “Por su naturaleza, el Movimiento Scout debe ser divertido y relevante. Aprender haciendo se refiere al autodesarrollo personal como resultado de la experiencia de primera mano en oposición a la instrucción teórica”

En otras palabras también se podría decir, aprendizaje por la acción, aquello que intentamos una y otra vez hasta lograrlo. Y eso pasa con los lobatos y lobeznas (¿se acuerdan? Niños de 7 a 11 años), intentan muchas veces hasta lograr que el juego les salga perfecto como lo imaginan o tratan de que esa imitación se parezca lo más posible hasta sentir que la hacen igual.

Lo hemos repetido bastante y no dejaremos de hacerlo porque es lo más importante, la manada todo lo hace jugando, y eso incluye el “aprender haciendo”. Si queremos que los niños aprendan a atarse las trenzas de los zapatos, nos colocamos a su altura que ellos puedan vernos al hablar, hacer contacto visual con nuestras acciones, y con una canción o un juego directamente, le enseñamos como se atan las trenzas.

¡Juego, jugar, jugando! El adulto scout debe guiar la dinámica pero permitir libertad a los niños o niñas para realizarla, evitar convertirse en esa persona que hace mientras otros observan, siempre debe permitir que los niños sean protagonistas absolutos de su desarrollo y aprendizaje. Es por ello que en este elemento del método scout, hablamos del autoaprendizaje, adquirir experiencias por sí mismo.

Es la manera perfecta para que los involucrados desarrollen su personalidad, potenciar sus fortalezas, para ayudar a corregir y mejorar sus debilidades por medio de la repetición, teniendo esa sensación de logro al final de cada juego.

“Observadores de la naturaleza y del mundo que los rodea, inventores de máquinas y herramientas, son capaces de construirlo todo y siempre te exigirán el mejor de tus esfuerzos para satisfacer su curiosidad. Buscar nuevas preguntas y sus respuestas, es parte del juego de la vida en esta edad. Todo será sorprendente para ellos, todo ofrecerá algo nuevo por descubrir o presentará alguna utilidad que antes no conocían”

Entonces, aprender haciendo es esforzarse por ser el mejor en el juego de la vida, desde su perspectiva de niño o niña. Accionamos, practicamos y revisamos para mejorar una y otra vez. También es importante saber que aprender haciendo no se trata de improvisar y que “aprendan sobre la marcha”. Siempre se debe planificar la actividad, saber qué, cómo, cuándo, dónde y por qué, sin perder de vista los intereses, las inquietudes, los gustos y las necesidades de los lobatos y lobeznas.

“Una dificultad deja de serlo en cuanto os reís de ella y os ponéis manos a la obra” Robert Baden-Powell

Apoyo de Adultos en el Clan

Son personas que dan testimonio de sus valores y velan porque los jóvenes lleguen a cumplir sus objetivos y metas personales. Tienen como filosofía de vida la Ley y la Promesa Scout, hombres y mujeres de buena voluntad, psicológicamente maduros, moral y éticamente rectos, interesados en la educación de los jóvenes, teniendo aptitudes básicas para trabajar en equipo y con la capacidad de habilitar a otros para ser gestores y líderes de sus propis ideas y proyectos.

Debe tener un nivel de madurez muy alto y un proyecto de vida definido, dado que a partir de su sapiencia y ecuanimidad pueda hacer una contribución significativa en los jóvenes en su paso a la adultez emergente. El perfil de cargos de la Asociación de Scouts de Venezuela (ASV), establece que la edad mínima para ser adulto facilitador líder en la unidad Clan, es de 25 años, teniendo un equipo en edades comprendidas entre los 21 a los 40.

Debe fungir como asesor y organizador de una dinámica participativa, que el grupo de jóvenes coexista, estableciendo condiciones de mentoría  para preparar a los jóvenes a que hagan las cosas que sean de su interés y necesidad, mediante proyectos y que esto ocurra con eficacia y agilidad, es decir que diseña y establece un clima educativo que habilita para aprender y empoderar a los jóvenes. Pero no debe olvidar la individualidad, porque aunque tengan personalidades o intereses afines, cada uno debe tener espacio para la conversación y atención personal, buscando el sitio idóneo lleno de respeto y comprensión.

La madurez  y ecuanimidad ayuda a que el Adulto Scout que trabaja con el clan pueda responder a la necesidad de justicia de los jóvenes y ofrecer respuestas lógicas y razonadas, a planteamientos irreverentes, sarcásticos, siendo empático y organizado con la capacidad para entender sus problemas y actitudes. Poder establecer un clima de respeto por la individualidad de las personas, las decisiones colectivas y la comunicación efectiva. Siendo creativo en la motivación, instrucción, refuerzo y evaluación de las actividades que incentiven el desarrollo de proyectos de diversa índole por parte de los jóvenes. Además debe gustarle de la actividad física y el contacto con la naturaleza para trabajar y compartir con ellos en esos espacios bajo un ambiente de reto.

Debe tener y trabajar la sensibilidad social, para ayudar a los jóvenes en el análisis de entorno, identificando y diagnosticando problemas, facilitando la visión sobre cómo vincularse con las comunidades y generar empatía con la diversidad en el entorno con los cuales ellos se relacionen, todo con el objetivo de que los jóvenes se conviertan en agentes de cambio, es decir ciudadanos activos, participativos e involucrados con la misión de Construir un Mundo Mejor. Debe estar en constante crecimiento, tener acompañamiento del Asesor Personal de Formación, porque este puede aclarar dudas en su accionar y con su experiencia motivar el trabajo con el grupo de jóvenes.

“La autoeducación, como continuación de lo que se ha aprendido en la escuela, es indispensable.” Robert Baden-Powell, Roverismo Hacia el Éxito.

Los Adultos Scouts en Clan actúan como organizadores y educadores, que guían a los jóvenes como tutores y mentores de su propia formación, generando compromisos, siendo esta acción una constante dentro del proceso de progresión y maduración alrededor de sus logros individuales y en asociación. La visión de “padres” es desajustada para un adulto que quiera ayudar a formar a estos Rovers, debe ser un hermano mayor, que sabe escuchar las necesidades del otro, que motiva y corrige con respeto y que entiende que debe ser el adulto del grupo, cuando los comportamientos son incorrectos a lo esperado.

“El objeto del adiestramiento es capacitar a los jóvenes para que por sí mismos puedan llegar a ser ciudadanos felices, sanos y útiles” Robert Baden-Powell, Roverismo Hacia el Éxito

Apoyo de Adultos en la Tropa

El documento sobre el método scout (revisión 2017), establece que todo adulto scout debe cumplir con tres roles diferentes, ser educador: tiene que ser garante del proceso de autoeducación y que lo que experimenten los jóvenes tenga un impacto positivo en su desarrollo. Ser el apoyo en las actividades: debe encargarse de que cada oportunidad de aprendizaje sea llevada a cabo con éxito, debe delegar responsabilidades en aquellos que tengan las habilidades que él no posea y asegurarse de que los jóvenes obtengan ese apoyo técnico y la experiencia necesaria. Ser el facilitador de grupo: el Movimiento Scout se basa en una asociación voluntaria entre jóvenes y adultos así que este tiene que reforzar las relaciones positivas y enriquecedoras para todos, en un ambiente atractivo que genere el crecimiento continuo de todo el grupo.

El adulto en la Rama Tropa (recordemos, jóvenes de 11 a 16 años) debe ser alegre, vivaz, optimista, resiliente, de gusto por la naturaleza y de las actividades al aire libre. Sus características de personalidad deben ir acompañadas por la coherencia entre lo que se dice y se hace, guiando a los jóvenes desde el ejemplo, esto ayuda a que ellos copien patrones de conducta orientados a los valores profesados en la Ley y la Promesa Scout, de una manera mucho más rápida y consumible por los adolescentes que están bajo sus filas. Debe ser una persona metódica y organizada, disciplinada, culta y físicamente activa.

Debe ser capaz de poder vivir la aventura como un mentor que inspira en cada patrulla el interés y la chispa por asumir nuevos territorios por explorar, nuevas habilidades por adquirir desde la práctica y la idea de compartir en equipo como un todo, donde todos están preparados para solventar una tarea, un problema o ayudar a otros.

“Tiene que hacer las veces de hermano mayor, esto es, considerar las cosas desde el punto de vista del muchacho, aconsejarlo, y guiarlo por el buen sendero, transmitiéndole entusiasmo. Como un verdadero hermano mayor, debe apreciar el valor de las tradiciones de su familia y procurar que las conserve, aun cuando para ello necesite emplear mucha firmeza. Eso es todo. El Movimiento es una confraternidad de alegría, tanto más jovial cuanto que en el juego del Escultismo se hace una gran obra para los demás: combatir el engendro del egoísmo. ”Baden-Powell, Guía para el Jefe de Tropa.

Debe ser un hacedor y gestor de equipos, enseñando a liderar desde el servicio a los demás (Liderazgo Servicial), y el sentido de la disciplina y demostrar responsabilidad en el cumplimiento del deber asignado dentro de la patrulla. Un adulto nunca debe dejar de aprender, obtener conocimientos que genere un enquecimiento propio y que además pueda llevarlo a los jóvenes. Formarse y apoyarse en el Asesor Personal de Formación en cuanta duda surja. La formación del clima educativo del adulto Scout en la Tropa, habilita una atmósfera de autoaprendizaje, inculcando patrones de valores, aprendizajes ágiles y de base empírica generando experiencias de vida que le permitan al joven aprender que es responsable de su formación y de estar siempre listo para todo.

Es fácil dejarse llevar por la vitalidad de los jóvenes al compartir experiencias y aventuras al aire libre. Los adultos en la Tropa de Scouts pueden querer optar por el atajo de convertirse en “amigo” de los jóvenes más prontamente, relajando la disciplina y queriendo ganar influencia rápida sobre los muchachos o muchachas, tomando el rol prematuro de “uno más” de la Tropa, en detrimento de otros aspectos educativos y de formación. Siempre debe tener en cuenta que su papel, es el de un formador, el mentor que ayuda al héroe a completar su aventura épica. Esto no quiere decir que no pueda ser cercano a los jóvenes, todo lo contrario, pero nunca olvidar que su deber y responsabilidad está en la conducción, guía, apoyo y acompañamiento de cada uno de los jóvenes de la unidad.

“El jefe de tropa guía al niño en el espíritu de un hermano mayor… Él simplemente tiene que ser un hombre-niño, lo que es: 1- Debe tener el espíritu de un muchacho, y debe ser capaz de ponerse de su lado. 2- Debe darse cuenta de las necesidades, perspectivas y deseos de las diferentes edades de la vida del muchacho. 3- Debe tratar con el niño individual en lugar de con la masa. 4- A continuación, hay que promover el espíritu emprendedor entre los individuos para obtener los mejores resultados.” Baden-Powell, Guía para el Jefe de Tropa

Apoyo de Adultos en la Manada

“Los Adultos facilitan y apoyan a los jóvenes para crear oportunidades de aprendizaje y a través de una cultura de asociación para convertir estas oportunidades en experiencias significativas” Revisión del Método Scout, 2017.

El apoyo de adultos es vital dentro del Movimiento Scout y por ello es uno de los 8 elementos del método scout. Ofrece un intercambio de aprendizaje entre joven y adulto, en un clima de entusiasmo donde deja experiencias enriquecedoras.

El perfil del adulto que plantea la Asociación de Scouts de Venezuela (versión vigente) establece unos requerimientos mínimos para ser un adulto scout: de sexo masculino o femenino, debe ser responsable y cumplir con sus deberes y obligaciones, tener una ocupación, mayor de 18 años y tener una cantidad de cualidades y habilidades basadas en valores. Para ser adulto scout debemos partir por el precepto de querer hacerlo, debe gustarte trabajar en equipo y con jóvenes, estar ávido de conocimientos y tener espíritu de servicio.

El adulto dentro de la Manada.

Recordemos que la Manada es una sociedad, una familia feliz que está organizada por el adulto. El papel de este dentro de la manada es vital, marcada por el principio básico de entender que los niños o niñas vienen a cada actividad a jugar, y es importante que recordemos esto. Cada actividad, proyecto, plan o intención deberá tener un fin educativo, pero no como en una institución de educación formal, porque para ellos somos una sociedad diferente a la del colegio, así que todo lo que aprenden debe ser jugando. Ese ambiente lo crea el grupo de adultos y estos deben saber jugar con los niños o niñas y contribuir a su crecimiento y desarrollo. Debemos tener la capacidad de reconocer que somos adultos jugando con niños, pero entender que no somos niños, somos una especie de hermano mayor que protegemos, corregimos sin castigar, orientamos, brindamos confianza y educamos por medio del juego. Vamos a enumerar unas características, habilidades y actitudes que debe tener un adulto para trabajar en la manada

1) Conocer a los niños y saber jugar: esto debe ser de manera personal. Compartir con ellos dentro y fuera de la manada. Conocer los ambientes donde se desarrolla cada uno, cuáles son sus sueños y sus esperanzas, sus frustraciones, incomodidades o molestias. Ser ese hermano mayor que tiene la confianza del niño o niña para que estos le cuenten ese universo que tienen en su mente y saber jugar con cada uno de ellos con respeto y cariño. Es el regulador del juego, crea los ambientes ideales para que el juego se dé.

2) Responsabilidad y dedicación del tiempo: un hermano mayor siempre está disponible. Tiene actitud educativa y es responsable. Tenemos el compromiso de impulsar educativamente ese juego con los niños. El tiempo más que de cantidad también es de calidad. Debe ser maduro y tener madurez emocional, ser entusiasta, alegre y honesto. Saber escucharlos, paciente, delicado y respetuoso. Evitar la frustración y la sensación de fracaso delante de los niños y niñas. En fin, tener muy buena actitud.

3) Buen ejemplo: los adultos dentro del Movimiento Scout enseñamos con el ejemplo. Aquello que haces, será replicado por los jóvenes y mucho más por los niños y niñas de 7 a 11 años. A esa edad son muy observadores y van guardando en sus recuerdos lo que ven de sus hermanos mayores para repetir sus acciones. Tener coherencia entre lo que se dice y se hace. Ser inspiradores por nuestros actos.

4) Aprender siempre: la tendencia de aprender todo el tiempo porque contribuimos al desarrollo permanente, pertinente y constante, por ello nosotros nunca terminamos de aprender y es una cualidad que debemos tener todos los adultos en el movimiento scout y en la vida. Adquirir nuevos conocimientos, intercambiar experiencias y participar con otros adultos ayuda al enriquecimiento personal. La figura del Asesor Personal de Formación (APF) es importante, debe tener acompañamiento de este, muchas veces, de sus experiencias previas podemos comprender situaciones vividas.

5) Ser comunicativo y trabajar en equipo: saber comunicar con los niños y niñas como con los adultos, con los padres y representantes. Comunicar de manera correcta lo que sucede porque los niños y niñas nos observan. Tener capacidad de saber trabajar en equipo y sobre todo la disposición. Desarrollar el trabajo bajo una planificación en grupo y entender que no podemos atender una manada de 12, 18 o 24 niños, una sola persona. La distribución debe ser 6 niños o niñas por cada adulto, distribuir responsabilidades a todos los miembros del equipo de la manada, facilita la planificación y el trabajo en las actividades y optimiza procesos, comunicación y sobre todo poder atender las necesidades individuales de los niños y niñas. El trabajo en equipo facilita que podamos cumplir con las etapas de desarrollo y crecimiento de cada niño en su plan de progresión educativa.

Al tener claro esto, nuestro rol como adulto “facilitador” en la manada, podremos desarrollarlo a gusto, con una visión clara de lo que se quiere alcanzar y lograr con cada uno de los lobatos o lobeznas.

«Nuestro método de formación es educar desde dentro, en lugar de instruir desde fuera: ofrecer juegos y actividades que además resulten atractivos para el muchacho, lo eduquen seriamente en el aspecto moral, mental y físico.» Robert Baden-Powell